Quinto mes de coronavirus, y "sereno".
Sigue con los yoquierismos y con los porquesismos. Segunda edición:
–¿Por qué el chocolate se ablanda con el calor?
–¿Por qué la comida nos baja hasta la tripa?
–¿Por qué comemos?
–¿Por qué llegamos hasta lo más alto? [Creo que esto lo habrá oído en la lista de éxitos de la radio]
–¿Por qué cogemos las cosas con las manos?
–¿Por qué tenemos los ojos negros?
–¿Qué hay dentro de la sangre?
–¿Por qué tenemos sangre en los ojos?
–¿Qué tenemos dentro del ombligo?
–¿Por qué tenemos hipo?
–¿Por qué tenemos ojos?
–¿Por qué caminamos?
–¿Por qué bebemos agua?
–¿Por que [a veces] encerramos a Yin fuera [de la cocina mientras comemos]?
–¿Por qué lavamos la ropa?
–¿Por qué nos mantenemos limpios?
–¿Por qué hay virus y bacterias y microbios?
–¿Por qué vemos las cosas?
–¿Por qué cocinamos las cosas?
–¿Por qué movemos los pies?
–¿Por qué damos la mano?
–¿Por qué tosemos?
–¿Por qué nos tiramos eructotes?
–¿Por qué tendemos la ropa?
–¿Por qué las montañas tienen escalones? [Por una zona de Sierra de Gredos con suelos graníticos escalonados]
Adhara se va convirtiendo en una señorita a la que le encanta ponerse vestidos bonitos y va ganando en independencia para todo, ayudándonos incluso a hacer cosas como prepararle la habitación a Áxel para dormir su siesta.
Se han dado algunas situaciones muy cómicas:
Desayunando en la cocina, Adhara le pregunta a Marta qué coche (imaginario) quiere [lo «coge» de una pegatina de un juguete del comedor]. Marta le dice que el amarillo, y se olvida y sigue desayunando. Al rato, viene Adhara y le dice «ten», y le pone algo en la mano que Marta no ve qué es. Piensa que puede ser una miga o algún trozo de suciedad que no ve, saca las manos por la ventana y lo tira. Adhara se queda con cara de circunstancias y le dice «Era el coche amarillo». Marta le dice «ay, perdón». Se da la vuelta todo ofendida y dice «Te voy a dar uno azul, que ese lo has tirado».
Esta otra muestra que hay que tener cuidado con las ambigüedades del lenguaje:
Suena la alarma en el iPad indicando que Adhara lleva ya una hora mirándolo. Áxel está haciendo la siesta en la habitación contigua. La alarma es muy estridente, y Marta le dice «Dale el iPad a papá, que vas a despertar a Áxel». Ella se levanta, me da el iPad, y sin darnos cuenta se va a la habitación de Áxel y la oímos decir «¡¡¡¡Áxeeeeeeeeeeel!!!!».
También suelta cosas que nos hacen morirnos de risa, como cuando llega y nos dice: «Hace tiempo que no desayuno». Sigue con algunos problemas con tiempos verbales (el «ya he volvido» y los tiempos verbales perfectos). Quizá contribuye que en el iPad a veces ve capítulos de series en español latino, porque a veces caminando por la calle nos dice cosas como «¡Por favor, espérenme!».
Ha dormido por primera vez con su hermano tres noches, a cuál más caótica. Consiguieron no estromparse de la cama, lo cual ya supone un éxito rotundo, aunque Adhara estuvo muy a punto de hacerlo (la salvé por casualidad cuando ya tenía una pierna colgando y seguía girándose hacia el exterior). En algún momento han estado haciendo figuras raras, como tumbados ambos a lo largo de la unión entre las dos camas, uno arriba y otra abajo, con los brazos y piernas desmadejados.
Le ha encantado la «casa de vacaciones» y, en concreto, las escaleras. Y bañarse en un remanso del río. No ha habido forma de que quisiera ver las estrellas (salimos a ver el Neowise y se acabó quedando llorando en el coche porque le daba miedo la oscuridad del exterior).
Toda la vergüencita que tenía hace apenas unos meses la ha perdido y ha sido sustituida por una socialidad que ralla el descaro. A cualquier desconocido que pasa por la calle empieza a decirle "Hola, yo soy Adhara, éste es mi hermano Áxel, éste es mi papá y ésta es mi mamá, y en casa están mis gatos Yin, Yang y Blanca" (haciendo gestos con la mano que parece Daniel San haciendo katas con Miyagi en la tercera de Kárate Kid).
Sigue ODIANDO a muerte y con berridos y chillidos que le corten las uñas de los pies. Alguna la tiene especialmente enroscada hacia abajo, clavándosele en la carne, con lo cual poner orden ahí de vez en cuando se hace particularmente complicado. Y doloroso para los oídos.