Este mes he convencido a Adhara de que el kiwi era su fruta favorita de pequeña para que volviera a probarla. Parece que le gustó, aunque otros días no se ha mostrado tan receptiva. También ha vuelto a probar las cerezas, tras mucho tiempo.
Lleva un poco de lío con los nombres. En cualquier rato escucho cosas como esta al llamarme:
–Áxel... Papi... Áxel...
También ha tenido momentazos como este con Marta:
—¿Sabes qué día es hoy? Es el día mundial del perro.
—¿De qué perro?
No quiere que se acabe nunca el campamento. A su madre y a mí nos ha llamado "Leire" alguna vez. Contándome qué había hecho un día allí, me suelta esto:
–A los que intentaban coger el elefante que no eran de nuestro equipo les intentábamos pegar con churros de espuma y también con los chufchufs de agua, pero no les daímos.
Ha decidido quitarse la trona. Ella y Áxel me ganan a decir marcas de coches. Y tiene en poco tiempo buen dominio del Mario Kart (ha llegado la primera en varias carreras).
Está viciadísima a un iPod que tenía por aquí para tirar y se lo dejé un rato. Ha toqueteado absolutamente todas las opciones, al punto que me ha descubierto funcionalidades que no sabía que tenía.
Y quiere vivir en un ático donde pueda tener un molinillo y asomarse cada mañana para ver la calle perfecta. Lo dice con una voz megamelodramática.
Les ha dado por pedir vídeos de cómo se reparan las caries. Algunas noches se duermen tras tres o cuatro vídeos de endodoncias.
Hemos ido a la piscina varios días, aguantando la ola de calor como buenamente hemos podido, y se lo han pasado genial saltando y tirándose y jugando al "un, dos, tres, pared" y haciendo amigas.
Sabe hacer la voltereta lateral.
Le ha gustado mucho la piel del pollo frito.