2017/01/29

Sistema Internacional YA

Algún lector sabrá que la sonda marciana Mars Climate Orbiter se estampó contra el planeta por un desentendimiento en la coordinación entre las unidades de su equipo europeo (que usaba metros y kilómetros) y el anglosajón (pies, yardas).

En el embarazo pasa exactamente lo mismo. Un embarazo, para la población sensata, dura 9 meses. Hasta ahí, bien. Para una embarazada, en realidad son 40 semanas. Lo usual (al menos en mi casa) es escuchar cosas como:
–Acabo de cumplir 38 semanas.
–Entonces estás ya de 39 semanas.
–No, estoy por 38 y un día –Esto siempre me ha sonado a condena, por cierto.
–...

O a la hora de comprar ropa, portabebés y cosas por el estilo, donde las variables de tamaño se traducen en variables de tiempo (en meses, aunque sea para decir 24 o hasta 36 meses) y kilos. Y acabas haciendo cábalas ya no solo de cuánto medirá, sino de cuánto pesará dentro de 7 meses un bicho que aún ni conoces.

En este punto las tablas de percentiles (eh, aquí por fin va bien tener formación en ciencias) vienen bien para saber, dado el tamaño previsto de tu progenie, hasta qué año te va a poder venir bien, más o menos, esa silla para el coche, suponiendo que la variable de altura esté en parámetros normales. Algo es algo...

2017/01/15

Hazte con todos

Qué frikis los niños y los no tan niños que se saben los nombres de los cientos de Pokémon, ¿verdad? Hasta que llegas al momento de los accesorios imprescindibles para el bebé y te das cuenta de que tú no solo tienes que aprenderte listas de cientos de nombres, ¡sino también de sus apellidos! Que aquí no vale con un Charmander o un Pikachu. Aquí tienes que saberte al Bebé Confort Elea, al Bugaboo Chamaleon o su evolución a Bugaboo Buffalo, y su ficha de características en las que aparece que la diferencia entre ambos es el tamaño de sus ruedas delanteras, todas de gran tamaño en el Buffalo pero más pequeñas en el Chamaleon... o todas esas palabrejas con las sillas para el coche, que suenan a ataques místicos como el "isofix", los "tres puntos de anclaje", el "a contramarcha"... bueno, ése suena a otra cosa. Y sus puntos de nivel: que si éste es 0, éste 1, éste 0+, éste AB negativo... También acabarás manejándote con ese palabro "maxicosi" que no habías oído jamás antes y que resulta que es como los "danone" a los yogures, pero con capazos.

Además, ir a probar esos trastos tiene su peligro; los pellizcos por piezas deslizantes traicioneras se cuentan con los dedos de la mano que te faltan cuando acabas, por no hablar de las agujetas al comprobar las diferencias de peso (en ocasiones, en microgramos) de las distintas estructuras. Luego están los tests de estabilidad a los que los sometes, la comprobación de las ruedas (nota: he descubierto que algunas de las ruedas de los carros actuales pueden pinchar), los cinturones de seguridad, los frenos, la elevación de la capota... Vamos, que llegado a cierto punto no sé si estoy probando un carrito o pasándole la ITV.

Lo peor es que, como son modelos que a menudo no conoces (y cada cual tiene su propia magia para bajar o subir o sacar o meter o plegar o desplazar secciones), si uno de ellos está estropeado –caso real– no tienes forma de saber si lo que pasa es que no has sido tan tremendamente inútil como con los otros treinta carritos anteriores. Tres cuartos de hora pasé tratando de bajar una capota, sin éxito.

Por favor, matadme.