Algunos cambios se aceleran. Los giros de 90º tienen ya mucha soltura, y los de 180º son cada vez más frecuentes.
El sistema de tracking y su sincronización con actuadores manuales (y podales, que parece haber descubierto recientemente) es ya tan avanzado que está empezando a ser capaz de detectar y agarrar el biberón cuando se le acerca, como si no hubiera mañana. Aunque la IA aún no termina de procesar cosas como que antes de tomárselo necesita expulsar el chupete del puerto de entrada, o que hay que tumbarlo boca arriba para que el contenido caiga, provocando divertidas situaciones convenientemente grabadas en vídeo.
Las primeras pruebas de comida (con trozos de sandía, melón, manzana, plátano, piña, cerezas...) le han fascinado, y ahora sigue como una yonki lo que nos llevamos a la boca, tratando de interceptarlo en ocasiones.
Está comenzando a descubrir los "grititos", tanto para reír como para quejarse, además de empezar a pronunciar algo similar a "ejjjjjjjqueeee". Sonríe bastante cuando nos ve sonreír, aunque muchas veces nos encontramos haciéndole monerías y ella manteniendo un sobrio rictus en la cara. No sabemos muy bien qué tipo de humor le encajará.
Los problemas del área lacrimal siguen igual, a base de limpieza con colirio y gasas. En unos días tendrá una revisión para comprobar su estatus.
También ha crecido lo suficiente (unos 60 cm y 5'6 kg de peso) como para alcanzar juguetes que antes le quedaban fuera de su alcance, ampliando su potencial de distracción, aunque en la práctica aún no es capaz de entretenerse sola más allá de unos minutos, por lo general, con alguna agradable excepción.