¡8 añazos!
Se hace mayor. Me pongo a bailar haciendo el payaso delante de la televisión y me espeta:
—Papá, en serio, me das vergüenza y, además, me tapas la tele.
En la jornada de puertas abiertas de natación hemos visto lo supercrack que sigue siendo en el agua. Con la aleta de los pies es aún más sirenita que nunca. Tiene estilazo.
Nos sigue pegando palizas al patiball.
Ha celebrado el cumple de una amiga en el Micrópolix, una especie de «ciudad en pequeñito» donde se pueden hacer trabajos para obtener dinero y usarlo en zonas de ocio.
Me ha hecho una pregunta sobre por qué la luna y las nubes parecen seguirnos (el efecto de paralaje).
Ha tenido algunos momentos preadolescentes que ya meten miedo.