Pillada con el carrito del helado. Este mes veníamos a Castellón a pasar en semanas alternas las navidades, y mi plan era traer solo los dos regalos de Papá Noel, que tenía guardados ya en el coche, dejando la marabunta de los de Reyes (tres para cada uno) para cuando volviera a dejarlos y otra vez de vuelta. Así que esos los dejé en la parte de arriba del armario, a mano para bajarlos. Y no caí en ello mientras hacía la maleta por la mañana y Adhara se paró enfrente con los ojos como platos, señalándolos y diciendo «¿QUÉ ES ESO? ¡¡¡LOS QUIERO!!!». No estoy seguro de cuánto sabe o si ha hablado del tema con su hermano, pero por comentarios previos y posteriores no me queda claro si ya lo sabía o si, pese a verlos, no lo tiene aún claro. Tendré que indagar.
Se le ha activado la habilidad de las escuchitas. Hasta ahora no solía importarle quién la escuchara. Ahora directamente es capaz de alejarse mientras vamos por la calle con compañeros de extraescolares, diciendo a quien sea: «Ven aquí para que hablemos y que no nos escuchen nuestros padres».
En una de sus apps del colegio han descubierto que tienen un chat con el que podían hablar entre ellos. Un día después, han tenido que cerrar el chat porque abusaban de él...
Un greatest hit lingüístico. Hablando con sus abuelitos por videoconferencia, preguntan a los peques:
—¿Hace frío en Madrid?
—¡Sí, mucho! —contesta Áxel.
—¡No mucho tanto! —cortocircuita Adhara.
Sigue incrementándose la lataza que se dan ella y el Player 2, a veces con mucha intensidad. También le está dando por coger ella misma Harry Potter para adelantar las partes que estamos leyendo.
También están ya en su círculo empezando a jugar al reto-verdad-beso.