Skynet aprende en progresión geométrica. O como dice la señora mamá, "ahí hay grupos de neuronas que están empezando a darse la mano".
Ya se lava los dientes (bueno, o lo intenta, usando el cepillo como chupachup y enredando con él dentro de la boca intentando imitarnos). También juega a generar saliva y hace pedorretas controladas, incluso vibración de labio como la que es necesaria hacer para tocar la trompeta, algo que no es baladí, poniendo la boca como si dijera "em". Es una boca que está manteniendo a menudo, quizá por molestias con los dientes de arriba, que siguen sin salir pero amenazan con aparecer en cualquier momento.
El gateo ha subido ya a velocidad ridícula. Han empezado las trastadas como tirarse encima el agua de la fuente de los gatos, comer comida de gatos, chapotear en el cubo de la fregona... el arenero de los gatos no lo ha descubierto aún, por fortuna. Hemos comenzado varios protocolos de seguridad al respecto, pero a veces hemos mantenido los escudos demasiado bajos, con desastroso resultado. En la cama se mueve como un gamo, de arriba para abajo y de abajo para arriba, teniendo que estar constantemente al tanto para que no se tire en plan kamikaze. Su parque de juegos parece en pocos minutos el escenario inicial de Terminator 2.
Se está volviendo muy "especialita" con algunas comidas, con gustos más o menos caprichosos que parecen cambiarle por días, y que a menudo consisten en ser reticente con algún tipo de comida hasta que le embutes a la fuerza la primera cucharada y descubre o recuerda que ese plato le gustaba. A partir de ahí, a menudo, velocidad de crucero. Otras, ni por esas. El arroz y los fideos son bazas seguras, y las aceitunas un comodín de relleno (de anchoas).
Ha aprendido espontáneamente a replicar algunos juegos como el "cucú", el "palmas, palmitas" o el "daba la mocita" y responde al "hola" y "adiós" al momento. Baila meciendo su cuerpo al compás de la música (algo que nos ha chocado a ambos, no esperábamos reacciones tan fuertes a las canciones que ella misma lanza en sus juguetes de forma compulsiva) y también ha empezado a saber usar el índice para pulsar botones de sus juguetes, incluso de pequeño tamaño y en lugares no demasiado accesibles. También ha llegado a encajar algunas piezas de sus juegos de encajar (aunque más por chiripa que por otra cosa). Lo que sí hace conscientemente es guardar juguetes en contenedores. Y jugar con los gatos con la caña de pescar de los gatos. Es algo inaudito e imprevisto, pero Blanca se muestra tremendamente cercana y tolerante con ella, viéndolas a menudo jugar juntas. Adhara tiene un tipo de risa especial para cuando los gatos le hacen caso (Blanca jugando con ella o Yin oliéndole o chupándole los dedos pringados de comida en la trona). Yang es la que menos se acerca a ella. La teme bastante, aunque a menudo por dormir en la cuna con ella la tolera hasta cierto punto. Con Yin ya se han hecho mil y una perrerías, que probablemente intentó replicar con Blanca llevándose un arañazo en la nariz como regalo por importunarla desde el suelo hasta su posición en lo alto del respaldo de un sofá. La peque aún no sabe que la altura da ventaja. Bueno, igual ahora, sí.
El habla sigue prácticamente igual, aunque incorpora intentos con la b. No ha insistido con su nombre, pero repite "apa" cuando la llamas "guapa", o cuando le acercas a Apa, uno de sus gato-peluches favoritos. Es fascinante que, incluso aunque no parezca prestarnos atención, nos ha dejado claro que escucha y entiende prácticamente todo lo que decimos. Abraza a los peluches grandes con una enorme sonrisa, como un conejo que le regalaron cuando era un bebé y que ahora tiene más o menos su tamaño.
Tiene un pavor terrible a la Roomba. Quizá no le sentó muy bien que hace un par de meses la sentara encima, o qué sé yo (sé de otros niños que también le temen y no estoy al tanto de que les subieran a ellas).
La transición a la nueva cuna, incluso con el colchón de viaje, ha sido estupenda. Se ha adaptado enseguida a ella, aunque el sueño sigue siendo una aventura difícil de cuadrar con horarios civilizados.
Ha caído algún polvorón más (trocitos, solo) y ha empezado a probar algunos lácteos, como yogur y queso.
En matronatación está empezando a sentirse más cómoda, llegando incluso a sonreír en algún momento, y gateando a buen ritmo en los ejercicios sobre colchonetas.
En breve le tocan las vacunas de los 11 meses y dentro de un tiempo la llevaremos al dermatólogo a que le echen un ojo a unos pequeños quistecitos que quizá convenga eliminar.
Probablemente me esté dejando algo, o muchas cosas. Esto va rápido...